
Era realmente bella, más que todas las chicas que viajaban en el vagón, era tan hermosa que no podia despegar mi vista de ella. Subió en Pantitlan, y me la pasé mirandola hasta llegar a Consulado, estaba sola, entre toda esa inútil muchedumbre que en ocaciones me estorbaba para seguirla mirando. Su rostro era muy fino, tez blanca, cabello largo y castaño, ojos claros, labios pequeños y rosados (rosados por otros labios me parese), mejillas ruborizadas por el calor corparal que se provoca cuando la gente se amontona en el pasillo. Ya estabamos en Valle Gómez, y yo estaba seguro de que bajaría en La Raza, así que no lo pensé más y nadé entre la gente para llegar a ella, y justo cuando más me acerqué, se alejó para comprarle una alegría a un vendedor, y seguí nadando, un vendedor de cumbias me bloqueó el paso, comenzaba a desesperarme, !ya no podia resistilo más! ¡tenia que saber su nombre! Ya estabamos en Misterios, y ella tranquilamente comía su alegría cuando al fin pude llegar hasta ella, era más hermosa de cerca. La miré, me miró...fué un eterno y dulce instante el que viví en tan sólo ese segundo. -¿Puedo saber tu nombre?-le dije con la voz entrecortada, el vagón se detuvo, - Miriam- dijo en el mismo instante que la puerta se abrió, salió, sacudió la mano sonriendome en forma de despedida, la puerta se cerró y nunca, nunca más la volví a ver. Hay veces en que sueño que vuelve a entrar a ese vagón donde nos conocimos, o que la encuentro de pronto al pasar por la calle, pero no he tenido la suficiente suerte...al fin, sólo fué un amor pasajero.
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