Etaba harta de el, con su cariño y su dulsura, ¡me estaba voviendo loca!, con tantos poemas y canciones, con tantos besos y arrumacos.
Todo comenzó en enero del año pasado estaba tan sola, llorando la muerte de mi madre, en un frio invierno bajo el gran roble marchito, a un costado del cementerio; el bajó de entre las ramas, como la serpiente que indució a Adán y a Eva a comer del fruto prohibido, me habló suavemente al oído y me sedujo hasta perderme en sus labios...pude resistirlo una, dos, tres, más veces, pero últimamente habria deseado nunca haberlo conocido. Era tan romantico que me causaba nauseas y me hacía vomitar la realidad con sus cursilerías y sus frases de amor...¡ ya no lo soportaba !...¿ y que podía hacer yo si no matarlo ? Cuando Cupído se distrajo tomé su arco y sus flechas y no dudé en apuntarle al corazón, pero no para que se enamorara mas de mi. El miedo brillaba en sus cálidos ojos, tenia tanto miedo que yo podia respirarlo. Puso sus calzones en una bara en señal de rendimiento y ofrecimiento, dí el primer tiro. Fallé, di uno más, le dí cerca del pecho, otro en el estómago y otro mas en el corazón. Cayó muerto dejando su desnudesa inmóvil al lado del cementerió.
Lo ví tendido sobre la blanca nieve, lo ví llorar sangre y... no me arrepiento de nada.
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