
No basta con reflexionar.
Hoy fué un dia como todos; levantarse muy temprano por la mañana, desayunar a medias, subir al autobús, viajar en metro, llegar al trabajo, durar horas ahí, salir tarde y terminar sepultado en un cementario dentro de un ataúd...Ese fué el último día de un hombre,y despues de la tragedia recordó que nunca les dijo a su esposa e hijos que los quería.
El despertador sonó, eran las 6:20 de la mañana, se levantó de la cama sin avisar, miró a su esposa que aún dormía e hizo un gesto como si lo que viera no fuese su esposa y fuera vómito. Caminó a la cosina, cerca de la habitación de sus dos hijos, procuró no hacer ruido para no despertarlos y de mala gana tener que despadirse de ellos. Se preparó el desayuno y salió de la casa; salió sin despedirse ni avisar. Tomó el autobús para luego recorrer los pasillos del metro. Llegó a su trabajo, entró a su oficina y las horas transcurrieron.
Eran casi las 7:30 de la tarde, agotado salió de a empresa y comenzó a caminar hacia la estación del metro, después a la de autobuses para esperar ahí. Una señora que tambien esperaba, quiso vanamente hablar con él; lo saludó amablemente y luego dijo- ¡Pero que dia!- con exaltación; el hombre asintió con la cabeza fingiendo escucharla.
El autobús ya habia tardado, entonses hizo la parada a un taxi que se detuvo a la mitad de la avenida, y con deseos de llegar a descanzar a su casa, cruzó la calle sin mirar a los lados y resultó arrolado por el autobús que irónicamente esperaba. La gente lo miraba, estaba tendido en el suelo cubierto de sangre, en ese momento recordó que no se habia despedido de su familia. No se podía mover, no entendía por qué estaba tirado, por qué lo miraban todos. El estaba muerto pero no quería aceptarlo.
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