
Cempasúchitl. Oigo voces con olor a papel picado, o ¿son las sombras que pisan las calles allá en aquel rincón? Pues aqui me hallan comiendome las lágrimas de los vivos, y me venian a avisar que estaba muerto. Me heché a reír, me heché a correr, me heché a volar y entre tantas estrellas que habia no podía ver.
Nada más no me deshojes, que me muero. Me quitas el rostro ¡y yo que te quito el espíritu!
Ya mejor me vine, que mi tallo se me secaba, que mientras busco la fuente se venden bien en el mercado, yo nada más no. Y qué más dá si no soy de aquí.
Cempasúchitl. Oigo voces con sabor a veladora apagada, es una cosa tan peluda y tan hermosa y tan negra y tan grande y tan rasposa, que ni 10 cocodrilos, ni 10 goliaths, ni 10 sombras nocturnas, ni 10 bellas mujeres, ni 10 penes se les comparan.
Mis calaveras me desian las verdades escondidos dentro del más profundo tono menor, ¿pero que querian que yo hiciera? ella si me comprende, pero no está disponible. Mi confusión va en aumento.
Cempasúchitl. La boca te sabe a mole, la nariz a chocolate y las cejas a disgusto.
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