
Una pequeña y su gato de invierno
caminan por la calle oscura,
va cargando un hastío eterno
que la lleba a la locura.
Ventanas y flores desoyadas,
pasos huecos en el suelo,
pisan rosas deshojadas
de alguna noche de desvelo.
Se detiene, mira al cielo;
la Luna cubriendo sus manos
y robandole un anhelo
de los que son tan cercanos.
La Luna se percata, le recita
antaña poesía, antañas canciones
que en hacerlo se precipita
y pone en vuelo las emociones.
El tiempo, con amarga prisa
corre, vuela, cae y pasa,
convierte el frío llanto en risa
y la pequeña, regresa a casa.
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