No he estado ahí, al amanecer, a tu lado;
cuando el viento apenas tiene ganas de soplar
y ligeramente, entre tus dedos se desliza,
cuando quieres alcanzar mis manos.
No he estado ahí, cruzando los caminos de tu mente,
sosteniendo los anelos secos que tu corazón me guarda,
no he estado ahí, para respirar los aromas
de tus marchitos cabellos.
No he estado ahí, en un rincón, mirando;
ni tu nombre mil veces he escrito en vano,
no he estado ahí, tus lágrimas secando,
cantando tu rostro, ni tu cuerpo por las noches aclamando.
No he estado, detrás del tiempo, evitando tu partida,
escalando los muros, esperando a que vuelvas.
No he estado ahí, para que escuches mi silencio
y contemples mi ausencia;
para que entiendas sin palabras,
lo que no he podido decirte.
No he estado ahí, para hablarte de la verdad y la mentira,
porque no sé del bien y el mal.
No he estado sosteniendo tus anhelos secos
que tu corazón me guarda,
ni he esperado a que te des cuenta de que estoy aquí.
No he estado ahí, para decirte que soy yo a quien buscabas,
porque no lo soy;
aún no me conoces, y no he estado ahí.
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