
No se que extraño murmuro me trajo el viento, no sé que aroma tan dulce sopló en mi boca; está amaneciendo y anhelantes secretos escapan en busca del horizonte, el cielo besa la tierra, las nubes besan el cielo, la lluvia cae de las nubes besando a la tierra y se incrusta sonriente, se amarra a mi cabello.
Llegó a poner su cabeza sobre mi hombro y en un par de latidos, lo convirtió todo en deseos, pintó de gris mis sueños, evadiéndome, torturándome indiscretamente, sin enterarse. Y ahora que amanece estoy hueco, viene y se va, coloca su sonrisa aquí y allá. Me mata de nostalgia, me embriaga de melancolía, un adiós, un movimiento, una mirada, y el tiempo se detiene, y las horas se hacen largas, comienzo a convertirme en un desierto y los áridos suspiros me agotan el alma, y mis lágrimas secas se derraman tristemente y se lamentan como los vasos cuando están vacíos.
Llegaron las agonías y se postraron sordas sobre mis hombros, no escucharon mi desaliento, clavaban su mirada sobre mis ojos, su mirada cansada, perdida; estaban frustradas como aves sin canto, mudas, ahogadas en putrefacto silencio.
En la oscuridad, a solas, bajo el sol, bajo la luna, mis ramas se marchitan lentamente, los latidos se aceleran, tú...caminas por la calle pisando mi sombra, tomando la mano de tu compañero, mi mirada ensangrentada te sigue.
Los vasos rotos, las pirámides invertidas, los silencios, la agonía...¡todo se va!
...pero aun quedan los recuerdos.
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