
Ojalá fuera la noche
embriagando sus mejillas
ojalá fuera la solución
a sus enredos y pesadillas.
Y, fuera yo,
su tabaco y su esperanza,
la poca fe, lo ausente
y la alabanza.
Ojalá fuera un poco de vino,
para vivir en su embriaguez,
ojalá se apagaran las luces
y se perdiera en mi otra vez.
Y, fuera yo,
quien da muerte a su agonía,
quien da muerte a su pena...
el dolor, la peste, la apatía.
Ojalá en la lluvia
estuvieran escritas cenizas,
discretas emociones,
celos, y risas.
Y, fuera yo,
dueño del viento,
compadeciendo las horas,
caminando lento.
Ojalá sienta algo,
algún día de brisa,
algún día de estragos,
de siluetas y poca prisa.
Me encanta David, simplemente tus letras acompañan maravillosamente estas escasas horas de la madrugada
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