
Hay una estrella muy cerca del cielo;
-tan cerca que no puede tocarla-
El cielo mismo se aleja,
se hunde hacia el infinito que lo vio nacer,
no se aparta su mirada de la estrella
-su mirada perdida, como el Atlantis en la nada-
y el cielo llora, se hunde en lágrimas malditas
que son la lluvia que lo vio nacer.
Y los hombres miran al cielo,
lejano y taciturno
como la misma melancolía
con la que la tristeza lo vio nacer,
y al apagarse la estrella
con el ruido de la mañana
-la luz del día quemando las entrañas-
El cielo desde el fondo, siente saciar su alma.
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