
Retórica a Diana
Hermana de Afrodita y más bella,
causante de mis vanos temores,
pues todos se originan en ella,
consuelo de mis vagos errores;
con la luz que sus ojos destella
que el sol de medianoche deja ver,
ha inquietado la desesperación,
en lo único que puedo creer;
y lo único que hastía a mi razón
es pensarla cada anocheser.
Su risa y su oscura presencia
resaltan sus labios tan rojos
que se compara con la escencia
y profunda mirada de sus ojos,
que reflejan, tierna su inocencia
con la que mi cuerpo pide sus brazos
y mi mente sólo su simpatía,
y aunque elaborados fracasos
pinten mi tarde de agonía,
no dejaré de seguir sus pasos.
Es muy poco mi atrevimiento,
es mucho más grande mi miedo,
es aún mayor lo que por ella siento,
pero decirle ahora no puedo:
tal vez lo haga en otro momento,
aunque ese es problema menor:
Sus ojos para mi brillo no tienen
y en el fondo es lo que causa dolor,
son angustias las que me detienen,
me matan y me dejan sin valor.
Sólo puedo su voz saborear
sin caricias que puedan perturbarla,
sin pensamientos que la puedan tocar;
mis ojos siempre estan para mirarla
y mis oídos sólo para escuchar
cada vez que sus labios veo abrir
y me hablan de lo que dice el viento;
cada vez que la puedo percibir
me delata el dulce acento
que se desvanece, y vuelvo a desistir.
Me siento atado y confundido,
completamente imposibilitado;
recelos atormentan mi sentido
me encuentro friamente desolado,
buscando su sonrisa, abatido
afecto inhóspito y tirano
que arrastra con mi entendimiento,
recata el sentimiento insano
que invade, cruel mi pensamiento
que hasta ahora parece inhumano.
Un suspiro más que queda al hielo,
un minuto más que dejo pasar,
vuelvo a caer en otro señuelo
que cada día me deja sin soñar
siendo esto lo que más anhelo,
mas si no es con ella, no lo espero,
pues esto de que me serviría;
si abril tuviera las lluvias de enero
probablemente con ella estaría:
si noviembre fuera febrero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario