
Historias que se vuelven nada, reflejos que se vuelven todo, emboscadas de misterio y de augurios opácos que se plasman en el interior de las realidades absolutas.
Recuerdos de vano juicio corrompiendo materiales plásticos de mentes enredadas, figuras esqueléticas que lo pintan todo de matices inexplicables y puramente fríos.
Los fracasos anegados de desconsuelo remando hacia un mar de coincidencias virtuosas, no corresponde a sus estructuras dramáticas, les ponen apelativos vulgares a tantos años de soledad, a cada una de las flores marchitas, todos huyen de los días de lluvia, de Lunas grandes y caras tristes.
Enloqueser, enloquecer es el privilegio más fortuito y la falta de juicio que se pueda tener, se remplaza con la sobredosis de calma sin humillar las inquietudes. Las lágrimas y los gemidos, son figuras que se diluyen con el agua, con el tiempo y las memorias los alimentan día a día con buenos recuerdos e incanzables flores de desaliento.
Son esas palabras hirientes, son las enfermedades y la muerte. Es la peste de la amargura, y la incomprendida paz que guarda el silencio, es fuego en cada labio, son cristales en los ojos, son efímeras mariposas de intestinos viscosos. Es la desconfianza quién murió o algún tipo de dios, son las palabras que se marchitan antes de ser habladas y los sueños rotos y confusos que se deterioran poco a poco.
La habilidades imposibles, el miedo y el silencio...son, sólo nostalgias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario