
Yo no soy de esos que van por el mundo provando las cosas nuevas y viejas, no soy tan atrevido, tampoco soy de esos que compran el amor con dinero, no soy de aquellos que sonríen hipócritamente. Me gusta sentir como la Luna me mira desde arriba y llorar de felicidad y melancolía, me gusta guardar misterios en mis bolsillos, seré sincero...no soy nada.
Quiero volver a repetir, lo complicadas que son las flores, no puedes llegar y regarlas con palabras sin pretender que un fruto de esas palabras salga a la luz, con las flores no es así, son caprichosas, y a pesar de la sinceridad, siempre se muestran indiferentes. ¡Las flores son tan complicadas!
He elegido una flor, la miro siempre, es hermosa y mis ojos se sienten alagados de verla, tiene la Luna sobre su boca y hace brillar sus labios como el sol, me pongo ansioso si al llegar la puesta del sol no llego yo a mirarla, siento desesperación, porque no puedo estar cerca...de aquella flor, debería ser delito poseer tanta belleza...yo mismo la encarcelaría, pero sentiría tristeza, porque yo solo quiero que esté conmigo...me siento bulnerable y delicado...creo que es amor.
Es otoño, ojalá pudiera conformarme con un par de cigarrillos y un café, pero hay una locura muy incrustada a mi piel, hay tanto que no le he dicho y tanto que me gustaría hacer. Existen dos laberintos que se extienden en el reino de mi demencia uno afirma y el otro lo niega. En medio de ambos laberintos, de gran tamaño, hay un libro, un libro colosal, de páginas en blanco, páginas y páginas en blanco, y es mi angustia. Pero el libro es sabio y solo espera con gesto amargo, espera a que alguien llegué a escribir sobre el, una historia de amor.
¿Qué pensará esa flor de mi? me lo pregunto cada noche, aqui en la lejania, hace frío y la melancolía me abraza como una madre abrazaría a un hijo, pero a mi me hace tan miserable. Son un grave delirio, las flores, son húmedas y tibias, y dan tentación, bajo sus pétalos debe guardar un secreto, aquella flor, un marchito secreto guarda...así como lo hago yo.
Los sonidos de la noche son agudos y severos, yo me encuentro velando mi agonía, una flor delicadamente debe estar soñando ahora, muy lejos de mi, y tengo ganas de llorar...tal vez las lágrimas cierren un par de heridas - las cuales han salido ahí por pura casualidad- heridas que nadie causó, y miraré como declinan las estrellas con la luz del amanecer. Y sabré que no hay nadie a mi lado. Todo será grotescamente gris, como en alguna de esas peliculas viejas...de esas que no son de comedia.
Voy a cantar un arrullo, para que mis manos duerman tranquilas - fuera de inquietudes ya desencadenadas- y caegan en un profundo sueño. Podrán soñar, quizás...que otras manos buscarán entrelazarse, y mis manos estarán tan cerca para poder hacerlo. Yo tambien debo soñar.
Descubrí un secreto, tajante, hiriente...tengo un secreto y miles de malestares que lo ocultan. La quiero...ella no me conoce, pero yo la quiero. Y si el mar es tan profundo...podría ir a ahogar mis palabras, y si estubiera mintiendo ( dios mío, ojalá!) degollaría letra por letra ese tropiezo...pero, no miento. Sé que la quiero, porque me hace bulnerable, por que me hace silencioso, porque crea laberintos, y hace crecer en mi la melancolia, porque me mantiene en suspenso, porque me obliga a desear lluvia, porque le he mostrado la Luna y...la quiero...................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................

