
Los enamorados; son, seguramente,
bestias misteriosas, que ahogan su risa
con vino, con besos y con Luna.
Seguramente son esqueletos, que bailan
a la luz del llanto, cubiertos de noche y celo;
mueren y renacen, desafiando al tiempo.
Los enamorados son un intento de lluvia,
porque demoran mucho, y son dos nubes
silenciosas, mal teñidas de ensueño.
Han de ser, también, dos rojos corazones
que no palpitan, pajarillos sin vuelo,
ojos ciegos, oídos sordos, o pinceles que no pintan.
Seguramente, se meten en agujeros, para cubrirse del frío,
y usan los brazos para entregarse cariños,
sus insensibles miradas son, a veces, lobos feroces,
serpientes enredadas, conejos veloces.
Son la voz de un fantasma, atrapado en sus callejones,
son la muerte; los enamorados,
y estoy seguro de que a cada rato mienten.
Sus frágiles manos, envenenadas de amor,
recorren cada esquina de alguna inexistente habitación.
Los enamorados son flores deshechas y también
son un jardín, son dos árboles vecinos, y el aroma de un abril.
Son dos trazos de colores que recogen pétalos,
son el agua turbia de un río, son pedazos de viento
sin perfume, son el humor de las alucinaciones.
Son, al fin, los enamorados; un frasco de deseos,
o quizá dos lamentos desollados.